{"id":28941,"date":"2023-11-03T07:36:00","date_gmt":"2023-11-03T07:36:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/?p=28941"},"modified":"2023-12-03T11:36:57","modified_gmt":"2023-12-03T11:36:57","slug":"28941","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/?p=28941","title":{"rendered":"EL ESCRITOR JAIME BAYLY DESTACA LAS CONDICIONES TUR\u00cdSTICAS DE PP EN RD"},"content":{"rendered":"\n<p>Tomado de La Tercera<\/p>\n\n\n\n<p>Solo hab\u00eda visitado Puerto Plata en una ocasi\u00f3n, hace treinta y cinco a\u00f1os, el a\u00f1o en que mi esposa Silvia naci\u00f3. Viaj\u00e9 en autob\u00fas desde Santo Domingo, subiendo y bajando monta\u00f1as de exuberante verdor, leyendo una novela de Terenci Moix, \u201cNo me digas que fue un sue\u00f1o\u201d, un recorrido que demor\u00f3 cuatro horas. A pesar de mi juventud, o precisamente por eso, yo conduc\u00eda un programa de televisi\u00f3n en Santo Domingo y me gustaba viajar solo y conocer las playas de esa isla bendita.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella vez qued\u00e9 maravillado en Puerto Plata. Me hab\u00eda propuesto pasar una semana sin beber alcohol, sin fumar marihuana, sin aspirar coca\u00edna, una semana de desintoxicaci\u00f3n en una apacible playa dominicana. Eran los a\u00f1os al filo de la cornisa, bordeando el abismo. Despu\u00e9s de grabar mis programas en Santo Domingo, volaba a Lima cargado de d\u00f3lares en efectivo, viv\u00eda en la suite de un hotel de Miraflores y, bajo los efectos combinados de la marihuana y la coca\u00edna, escrib\u00eda o trataba de escribir unos relatos sombr\u00edos, desalmados, autodestructivos. Es decir que los d\u00f3lares que ganaba en Santo Domingo los dilapidaba en Lima, jugando con mi estado de \u00e1nimo, cifrando mi incierto futuro en las palabras que aleteaban como mariposas heridas alrededor de m\u00ed, tratando de capturarlas, aprehenderlas, poseerlas, hacerlas m\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquellos d\u00edas lejanos en un hotel en Puerto Plata bail\u00e9 como nunca hab\u00eda bailado en toda mi vida. Bailaba solo, de noche, todas las noches, en el centro mismo de la pista de baile, en la discoteca de un hotel cuyo nombre he olvidado, en medio de unas luces rosadas, amarillas, celestes, que giraban alrededor de mi cuerpo esmirriado y a menudo lo iluminaban, exhibi\u00e9ndolo, dejando en evidencia aquella ceremonia imp\u00fadica, autocomplaciente y ensimismada a la que me entregaba con total indiferencia a las miradas de los dem\u00e1s, aunque a veces alguna turista italiana o alemana me aplaud\u00eda y dec\u00eda un piropo. Al bailar, al sentir la m\u00fasica recorri\u00e9ndome, al transpirar, mi cuerpo me ped\u00eda drogas, pero yo no se las daba, no quer\u00eda d\u00e1rselas, y m\u00e1s tarde, ya durmiendo, despertaba sobresaltado, agitado, sudoroso, so\u00f1ando con el polvillo blanco del que era adicto. Mientras yo bailaba solo en la discoteca de un hotel de Puerto Plata, una ni\u00f1a nac\u00eda en la maternidad de Miraflores, en Lima, y era llamada Silvia. Veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, ella y yo nos conocimos. Ahora estamos casados y tenemos una hija llamada Zoe.<img src=\"https:\/\/ads-lt.digitalproserver.com\/ads\/cerrar.png\">https:\/\/rudo.video\/vod\/bRfMBr\/autostart\/true\/volume\/0LA TERCERA TV&nbsp;\/Pescadores protestaron con barricadas incendiarias y generaron cortes de tr\u00e1nsito en Valpara\u00edso<\/p>\n\n\n\n<p>Tantos a\u00f1os despu\u00e9s, he vuelto a Puerto Plata con mi esposa y nuestra hija. Era un viaje arriesgado: quiz\u00e1s mis recuerdos de la ins\u00f3lita belleza de su playa m\u00e1s bonita, Playa Dorada, eran tan longevos que ya no se correspond\u00edan con la realidad, quiz\u00e1s el mar se hab\u00eda contaminado, las playas se hab\u00edan llenado de turistas ruidosos, la proverbial amabilidad de los dominicanos hab\u00eda cedido a un trato m\u00e1s distante e impersonal. Pues no: hemos pasado unos d\u00edas en Puerto Plata y me he sentido en el ombligo fl\u00e1cido del para\u00edso.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque he procurado disimularlo, me ha emocionado volver a Puerto Plata siendo un hombre de familia contento y agradecido, un hombre que no fuma marihuana, no aspira coca\u00edna, no bebe alcohol, no baila solo. Ni en mis sue\u00f1os m\u00e1s salvajes habr\u00eda imaginado hace treinta y cinco a\u00f1os, bailando conmigo mismo en la discoteca de un hotel de Puerto Plata, tratando de liberarme de aquellas adicciones perniciosas, que regresar\u00eda a esas playas siendo quien ahora soy, el individuo que, acertando y errando, ensayando y equivoc\u00e1ndose, persiguiendo sus sue\u00f1os, he llegado a ser: un esposo tranquilo y leal, un padre desbordado de amor, un escritor con diecis\u00e9is novelas publicadas en Espa\u00f1a y Am\u00e9rica, un periodista trotamundos con cuarenta a\u00f1os a sus espaldas haciendo televisi\u00f3n. No podr\u00eda decir que el solitario y ensimismado bailar\u00edn de Puerto Plata ha triunfado, tampoco podr\u00eda decir que ha fracasado, lo justo ser\u00eda decir que, mal que mal, ha cumplido su destino.<\/p>\n\n\n\n<p>Mi esposa Silvia hab\u00eda estado conmigo en Santo Domingo hace diez o doce a\u00f1os, cuando imprudentemente acud\u00ed a presentar un mon\u00f3logo de humor en el hotel Jaragua, y en Punta Cana, donde un ruso trat\u00f3 de seducirla, prometi\u00e9ndole volar en su avi\u00f3n privado, una promesa que yo no pod\u00eda igualar. Nuestra hija, sin embargo, no hab\u00eda pisado la bendita isla de La Espa\u00f1ola, que fue la primera isla de las Indias Americanas que pisaron los conquistadores, acaso pensando que hab\u00edan llegado a la China, al Lejano Oriente. Es decir que ambas no conoc\u00edan Puerto Plata y no s\u00e9 si me cre\u00edan cuando yo les dec\u00eda que en esas playas dominicanas ser\u00edamos m\u00e1s felices que en las Bahamas, donde hab\u00edamos estado hace pocos meses:<\/p>\n\n\n\n<p>-En ning\u00fan lugar del mundo te atienden mejor que en Rep\u00fablica Dominicana -les dec\u00eda, anim\u00e1ndolas a viajar-. No hay gente m\u00e1s amable y servicial que los dominicanos.<\/p>\n\n\n\n<p>Seguramente pensaban que yo exageraba, o que era un viejito gag\u00e1, tilingo, recordando sus a\u00f1os gloriosos, cuando era una celebridad en ciertas costas del Caribe donde se emit\u00eda mi programa de televisi\u00f3n. Pues no: esos d\u00edas en Puerto Plata he confirmado que los dominicanos te sirven con una gracia, un esmero, una dedicaci\u00f3n, una alegr\u00eda, que no he visto en otros pa\u00edses, ni siquiera en el pa\u00eds en que nac\u00ed, el Per\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos trataron tan mal en el mostrador de la aerol\u00ednea en Miami, con tanta rudeza, con un humor tan espeso y avinagrado, que casi nos hicieron perder el vuelo y casi me hicieron perder la vida de un infarto. Las se\u00f1oras uniformadas de aquella aerol\u00ednea innombrable, no obstante que atienden en el mostrador de clase ejecutiva, son a menudo verdaderas arp\u00edas que parecen solazarse torturando al viajero. No solo no tratan de ayudarlo, sino que tratan de no ayudarlo. Son unas brujas horribles, endemoniadas. Son criaturas desdichadas que esparcen su desdicha como si fuera un veneno. Primero nos exigieron que llen\u00e1semos unos formularios electr\u00f3nicos en una esquina del aeropuerto. Pero no hab\u00eda buena conexi\u00f3n de internet, entonces era lento y laborioso llenar los odiosos formularios. Luego se negaron a darnos los pases de abordar con asientos confirmados, alegando que hab\u00edamos tardado tanto llenando los formularios que ya el vuelo hab\u00eda cerrado. Finalmente, y como todo lo hac\u00edan mal esas brujas, no nos registraron apropiadamente en la categor\u00eda de viajeros frecuentes TSA que nos permit\u00eda eludir o sortear ciertas colas. Fueron minutos en verdad espantosos, todo por culpa de esas brujas. Tuvimos que correr como unos locos hasta la puerta de embarque porque el tren del aeropuerto estaba averiado. Incre\u00edblemente, no perdimos el vuelo, no perd\u00ed la vida. Sentados en el avi\u00f3n, le dije a mi esposa:<\/p>\n\n\n\n<p>-Cuando la vida te obliga a sufrir tanto como hemos sufrido ahora, despu\u00e9s viene el premio.<\/p>\n\n\n\n<p>Y el premio fue, en efecto, pasar cuatro d\u00edas en el hotel Casa Colonial de Puerto Plata, el mejor hotel de esa ciudad, el mejor hotel dominicano y uno de los mejores hoteles que he conocido en todo el Caribe. Es una propiedad extensa, de arquitectura elegante y jardines lujuriosos, sentada en Playa Dorada, frente al mar. Ocupamos las mejores suites, decoradas con un gusto exquisito. Yo dorm\u00ed en la suite Don Isidro, en homenaje al fundador del hotel, don Isidro Garc\u00eda, empresario visionario, so\u00f1ador, cuya hija Sarah dirige ahora el hotel cinco estrellas, elev\u00e1ndolo a un nivel de excelencia que me impresion\u00f3. Todo es perfecto, insuperable: las tumbonas bajo la sombra bienhechora de unos \u00e1rboles en la playa, la atenci\u00f3n de los camareros Rafael y Nelson vestidos de blanco que ofrecen comidas y bebidas y todo lo resuelven con una sonrisa, los platos deliciosos que sirven en el restaurante Luc\u00eda donde brilla el atento servicio de la se\u00f1ora Luz Marina, la piscina y los jacuzzis en el piso superior con unas vistas sobrecogedoras al mar, todo estaba bien pensado, bien dise\u00f1ado, bien ejecutado. Y entonces yo pensaba: si fuese el due\u00f1o de un hotel en el Caribe, ser\u00eda exactamente como este hotel. Adem\u00e1s, no es caro. Los precios son razonables, comparados con los que hemos pagado, por ejemplo, en el Four Seasons de Bahamas, en el Como de Turks and Caicos, en el Rosewood o el Maroma de Playa del Carmen.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero lo mejor del hotel Casa Colonial de Puerto Plata es que, cuando est\u00e1s en la playa, hay muy poca gente porque esa secci\u00f3n de la playa es privada, propiedad del hotel, y porque los d\u00edas que elegimos no estuvieron congestionados de turistas, que a buen seguro llegar\u00edan el d\u00eda en que nos marchamos, en v\u00edsperas del d\u00eda de Acci\u00f3n de Gracias. Entonces est\u00e1bamos solos en la playa, y yo le ped\u00eda a don Rafael, todo de blanco \u00e9l, que me trajera un jugo de lechosa, un jugo de chinola, un jugo de naranja, unos guineos picados, y recordaba que los dominicanos tienen ese modo tan curioso de hablar:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfCrees que va a llover, Rafa? -le preguntaba.<\/p>\n\n\n\n<p>-Completamente -me dec\u00eda \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>En otro momento le mostr\u00e9 mi brazo derecho y le pregunt\u00e9:<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfEstas picaduras son de mosquitos?<\/p>\n\n\n\n<p>Rafa me respondi\u00f3, risue\u00f1o, jovial:<\/p>\n\n\n\n<p>-No, son de pajaritos.<\/p>\n\n\n\n<p>-\u00bfPajaritos? -pregunt\u00e9, sorprendido, pensando que me estaba tomando el pelo.<\/p>\n\n\n\n<p>-S\u00ed -dijo Rafa-. Son unos pajaritos invisibles, chiquiticos. Son pajaritos insectos que te pican y no los ves.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto, am\u00e9 a Rafa, am\u00e9 a todos los camareros del hotel, a la gerente Vilma, a mi amiga de las reservas Ana Mar\u00eda, al barman Francis, al chofer Jos\u00e9 Ram\u00f3n, a todos, quienes me recordaron que no hay gente m\u00e1s amable, bondadosa y servicial que la dominicana. Hace treinta a\u00f1os, cuando le pregunt\u00e9 al chofer del autob\u00fas cuando durar\u00eda el trayecto entre Santo Domingo y Puerto Plata, me respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>-Matem\u00e1ticamente, cuatro horas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir que los dominicanos usan y exprimen los adverbios como si fueran frutas tropicales.<\/p>\n\n\n\n<p>Volveremos entonces a ese secreto, escondido para\u00edso que las turbas de viajeros todav\u00eda ignoran, Puerto Plata, el hotel Casa Colonial, y de nuevo seremos felices en sus playas apacibles, sosegadas, tomando jugos de lechosa y chinola, celebrando que el solitario y ensimismado bailar\u00edn de Puerto Plata es ahora el hombre que soy, un hombre que consigui\u00f3 curarse de sus peores males y que improbablemente encontr\u00f3 el amor.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Tomado de La Tercera Solo hab\u00eda visitado Puerto Plata en una ocasi\u00f3n, hace treinta y cinco a\u00f1os, el a\u00f1o en que mi esposa Silvia naci\u00f3.<a class=\"moretag\" href=\"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/?p=28941\"> [&#8230;]<\/a><\/p>\n","protected":false},"author":7,"featured_media":28954,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[23],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28941"}],"collection":[{"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/7"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=28941"}],"version-history":[{"count":9,"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28941\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":28953,"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/28941\/revisions\/28953"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/28954"}],"wp:attachment":[{"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=28941"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=28941"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"http:\/\/www.deportesparalimpicos.com\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=28941"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}