Omara Durand y el mundo de una diosa del paratletismo

Omara Durand comenzó a practicar deporte cuando tenía siete años y su discapacidad visual inundó su mundo de frustración, timidez y obstáculos, a pesar de tener por delante un camino expedito hacia la prosperidad.
Una catarata congénita, condición que causa miopía crónica (imposibilidad de ver de lejos) y astigmatismo (impedimento de enfocar), frenó momentáneamente las ilusiones de la nacida en 1991, en el reparto Desys, provincia de Santiago de Cuba.

La niña Omara era amante del voleibol, porque adoraba a las Morenas del Caribe ?equipo femenino cubano tricampeón olímpico-, de la gimnasia rítmica, por haberla practicado durante un brevísimo tiempo, y del paratletismo, disciplina que la acogió y cambió su vida para siempre.

Pasadas las hojas de los almanaques, a sus 28 años, es fácil advertir que la trayectoria deportiva de Omara Durand está segmentada y cada fracción tiene detalles comunes: el éxito, la constancia y las pistas, sin importar el color de sus superficies.

Omara, esprínter discapacitada y reina absoluta de la categoría T-12 -para débiles visuales profundos-, es reverenciada hoy como la Usain Bolt, versión femenina, del paratletismo mundial, amparada en sus 11 años de imbatibilidad y esa sobrada manera de ganar y exponer a sus rivales, tan enormes como ella misma.

Visto desde cualquier ángulo y perspectiva, Durand es una campeona de raza, de esas que se levantan cada mañana con la aureola del éxito sobre su cabeza y un torrente de grandeza baña su figura y fluye de forma unidireccional por el camino de la voluntad perpetua.

Agarrada fuerte de su guía Yunior Kindelán, la antillana repitió su dosis de esplendor en este 2019, con tripletes dorados en los VI Juegos Parapanamericanos de Lima y en el Campeonato Mundial de atletismo para personas con capacidades especiales, en Dubái, Emiratos Árabes Unidos.

Los 100, 200 y 400 metros planos no se resisten al paso demoledor de la nominada, en 2017, al Premio Laureus al mejor deportista con discapacidad, algo así como los Oscar del deporte, porque sus marcas son comparables con las de sus homólogas en el plano convencional.

La realidad supera cualquier fantasía y sus cronos ?hasta cierto punto- rozan lo inefable: 11.40 segundos en el hectómetro, 23.03 en 200 y 51.77 en la vuelta al óvalo.

Mis tiempos están al nivel de las atletas convencionales, pero no pienso en eso. Nunca me detengo en ello. Soy feliz con mi discapacidad y eso es lo más importante, dijo en un aparte con Prensa Latina tras su regreso del evento multideportivo de la capital peruana.

Omara no pierde una carrera desde 2008, cuando debutó en los Juegos Paralímpicos de Beijing. Aquella vez, con apenas 18 años, era la favorita de los especialistas, sin embargo, una distensión muscular la afectó psicológicamente y la privó de escalar el podio de premiaciones.

Tras aquel amargo momento, el panorama cambió radicalmente y la corredora fue puro esfuerzo mañana, tarde y noche. Es más de una década sin perder y eso significa mucho, refirió la madre de Ericka, su pequeña hija, razón por la cual estuvo fuera tres temporadas luego de los Paralímpicos de Londres 2012.

Las horas pasaron y las ganas de volver a brillar hicieron acto de presencia en la mente de una Omara que decidió prepararse para irrumpir nuevamente en el panorama internacional en la cita Parapanamericana de Toronto 2015, después de luchar con su peso y recuperar una forma deportiva que el talento no dejaba desaparecer.

Sin embargo, una estrategia interesante llegó desde los labios de su entrenadora Miriam Ferrer: correr acompañada, algo que nunca su pupila había hecho, y fue así como entró a la historia Kindelán, un excorredor de 400 metros, sin grandes resultados individuales, pero enamorado del atletismo y sumamente disciplinado.

Yunior, el guía, el acompañante, el amigo, el protector, ese que nunca puede adelantarse en la meta y le susurra al oído en plena recta final, no hizo el viaje a la urbe canadiense, lo cual no amilanó a Durand, quien dominó sin exceso sus distancias favoritas.

‘Siempre agradezco a mi guía, a mi entrenadora Miriam Ferrer y a mi pueblo. Gracias a ellos soy quien soy’, refirió la cinco veces líder paralímpica, quien se distingue por una sinceridad extrema.

Actualmente, Omara Durand se encuentra en fase de recuperación tras regresar lesionada del evento del orbe de paratletismo en Dubai, y según el doctor Eduardo León Valdés sufre rupturas de grado dos del recto anterior del cuádriceps en la pierna izquierda.

Por el momento, toca descansar, pasar tiempo junto a su familia y recuperar fuerza para próximos empeños, porque el camino de esta extraordinaria deportista está lejos de tener final, restan sueños, agradecimientos y temporadas de imbatibilidad.

No obstante, en medio de esa recuperación total, la cubana no deja de pensar en Tokio 2020, donde buscará superar las cinco coronas que igualmente posee su compatriota Yunidis Castillo (dos en Beijing 2008 y tres en Londres 2012), una de sus referentes cerca o lejos de las pistas.

La capital nipona no será su última competencia, pero el adiós definitivo se acerca, su enfermedad es genética y degenerativa, por lo que cada día se agudiza y los planes son operarse cuando su excelso ciclo como deportista culmine, luego de muchas luces y pocas sombras en todos los continentes del planeta.

Mientras, el mundo hace reverencia a una caribeña que es sinónimo de victoria y su humildad parece un imposible.

Me siento feliz y si volviera a nacer no tendría problemas con tener mi discapacidad, manifestó a Prensa Latina, satisfecha con la vida y orgullosa de tener besar a su mayor tesoro, Ericka, su récord mundial perpetuo.

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