«Enseño las prótesis para que todo el mundo vea que es algo normal»

La de Sara Andrés Barrio ha sido una vida repleta de carreras de obstáculos. Gran aficionada al deporte, esta profesora de primaria perdió los pies con 25 años en un accidente. Con ayuda profesional, el humor siempre presente, y el enorme y constante apoyo de su familia y amigos, se repuso y caminó de nuevo hasta que echó a correr, convirtiéndose en atleta paralímpica en Río de Janeiro.

Ha superado un cáncer de tiroides y un cáncer de piel, pero tampoco eso le frenó. Y ganó dos medallas de bronce en el Campeonato del Mundo de Atletismo Paralímpico en Londres 2017 en las pruebas de 200 y 400 metros. Sara enseña orgullosa sus prótesis porque está convencida de que la visualización ayuda a la normalización. Y por eso mismo, cuenta su historia de superación este viernes 4 de octubre en Sevilla en el Congreso Lo que de verdad importa (LQDVI).

Este viernes  no es tu primer congreso con LQDVI, ¿cómo fue la experiencia en los anteriores?

En Sevilla será mi cuarta vez. Ya he estado en Bilbao, La Coruña y Madrid. Y encantada de repetir, porque la experiencia tanto para los ponentes como para los que escuchan es genial, porque por nuestra parte cuentas tu historia y haces terapia. Es muy enriquecedor porque además conoces gente increíble.

¿Cómo ves el trabajo de la fundación?

Es primordial porque hay un vacío en la educación en ese sentido. Todo es muy formal, de contenido, pero poco de valores y precisamente en los valores ponen el foco de atención la fundación LQDVI. Se necesitan conocimientos pero hay que saber cómo aplicarlos, con respeto y compañerismo. Y poder transmitirle eso a los más jóvenes, que a veces están un poco perdidos, creo que les pueden servir de gran ayuda.

¿Qué te suelen preguntar en las charlas?

En charlas que he tenido con los más peques siempre preguntan si las prótesis se pueden meter debajo del agua o si duermo con ellas o no, porque les alucinan. Los mayores preguntan cómo lo superé. Dudan si ellos serían capaces de hacer algo así. Yo les digo que sí, que a veces el valor sólo sale cuando tenemos problemas, pero todos podemos superar traumas o circunstancias adversas.

Sara en una de las charlas anteriores

La pregunta no puede pasar: ¿cómo lo superaste?

Primero con ayuda psicológica, si no hubiera sido imposible. Luego con mi familia y mis amigos. Y, por último, gracias a algo muy fundamental en mi vida que es el humor. Fue un reto no tener pies y pensar cómo hacerlo a partir de entonces. Plantearte de qué manera podía hacer lo que hacen los demás. Y me di cuenta de que adaptándolas, podía hacerlas las mismas cosas. Incluso ahora hago más, como correr. Era más actitud que físico.

¿Y crees que solo cuando se supera un problema de gran envergadura se empieza a valorar la vida?

En mi caso fue así pero para eso están estos congresos. Sin tener que pasar por un trauma tan grande como el mío puedes entender y ponerte en el lugar del otro, valorar tu vida y ser más feliz

¿Cómo entraste en el mundo del atletismo?

Cuando empecé a andar y volví a mi vida y a mi trabajo de profe quería hacer algún deporte. Pensé en aprender a correr para luego dedicarme a cualquier disciplina porque en todos necesitas velocidad y ser ágil. Pero como me gustó tanto correr me quedé con el atletismo y ya no tuve que elegir.

¿Qué es lo primero que pasa por tu cabeza cuando consigues la primera medalla en Londres?

La primera vez me puse a llorar como una loca, no podía creérmelo. Estaba muy alegre y muy a gusto, con esa sensación de haberme superado y de haber demostrado que podía, primero a mí misma y luego a los demás.

Y tú que eres profesora, ¿crees que estamos educando a los niños en inclusión?

Se está haciendo pero hay que seguir trabajando para que llegue un momento en el que ya no haya que hablar de educación inclusiva. Ahora estoy de excedencia gracias a una empresa patrocinadora para poder dedicarme de lleno al atletismo, pero en mi cole lo he intentado hacer, reflejar esos valores para que el otro sea más empático. Trabajando lograremos que un niño que vea una silla de ruedas o una prótesis no se asombre, lo vea normal, algo natural.

Y esa es la intensión del cuento «Sabes quién soy», de la que eres autora e ilustradora, ¿no?

Claro. Cuando a mis niños les enseñé las prótesis había quienes se asustaban y quienes me decían cuánto les molaba. ¿Por qué algunos se asustaban? Obviamente porque no lo ven normalizado. Por la calle no ven prótesis. Pero sí vemos normal que alguien use gafas o brackets. Hay que hacer una labor de visualización desde bien pequeñitos. En el cuento hay cinco personajes con discapacidades que al final son súpercapacidades porque hacen un montón de cosas, y superan retos y problemas. ¿Por qué no tener un ídolo o un héroe en silla de ruedas o con un perro guía?

¿Y cómo educamos a los adultos?

En la Feria del Libro de Valencia le estaba contando el cuento a una niña junto a su madre. Llegué a una lámina donde hay un personaje basado en mí con dos prótesis en las piernas. Curiosamente el niño estaba emocionado escuchándome pero la madre, corriendo, se llevó al niño de la mano. Y es que el problema no está en los niños, se adaptan a lo que haya y a los cinco minutos lo hacen suyo, el problema son los prejuicios de los mayores. El otro día en el aeropuerto, me miró un señor, asustado y le leí los labios: «Dios mío». Hay gente que me mira y sonríe, o quien se asombra y son discretos. Yo enseño las prótesis, primero porque me gustan, y para que todo el mundo vea que es como el que lleva unos zapatos diferentes. Intento normalizarlos. No tengo que esconderlo, es lo que es, lo acepto, me gusta y lo quiero.

¿Cuáles son tus próximos retos?

El noviembre es el mundial en Dubai. Y el próximo gran reto es Tokio 2020. Estamos entrenando duro porque es muy difícil pero que no quede intentarlo.

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